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Ya no tengo identidad, tampoco universalidad,
soy un gato negro, y solo te doy mi mala suerte,
me arrastro y me meto en el deleite
de un amor como paracaídas,
tu cuerpo es lenguaje que aprendí en las cárceles del sexo,
entonces olvidamos quienes fuimos en los labios del otro,
y un oleaje de sirenas me llevaron a tu orilla.
Somos ángeles y no podemos suicidarnos,
encerraste tu pecado en mi vientre rosado,
nos capturaron bocas llenas de sangre, y de baba negra,
te comiste mis pechos grises, llenos de larvas del pecado,
esto sucedió en un clic inmenso:
no ruego, no río, solo soy un ojo.
Mis recuerdos se astillaron,
arrojando odio,
embelleciéndose con las cenizas…
Cuando la luz cantaba llena de agujeros,
recuerdo la textura de tu piel aterciopelada,
retorno a tu alma desnuda llena de angustias…
Pienso en el laberinto de tus palabras
que lo negaban todo…
y mi inconsciente te embutía en mi deseo…
pero tu corazón electrizado gritaba:
¡me falta amor!

Claudia Saquicela