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La noche se ha cerrado y el mar brilla. Brilla,
como si se hubiera puesto un vestido de Swarovski.

La luna nace salvaje sobre las nubes,
coronando el horizonte con su magia.
Redonda, como hecha con compás;
naranja, como el fuego de los sueños.

Y encendida, va escalando por el cielo,
alejándose, perfecta y soberana,
sin saber que yo, insignificante,
la observo solitaria desde el muelle.

Y suena por mis cascos tu canción,
y viene tu dolor a hacerse lágrima,
y gritan en mi corazón todos los besos
que guardé entre mis manos para darte.

¿Por qué no quieres amarme?
¿Por qué no quieres? ¿Por qué,
si haces nacer un cielo en mis pupilas,
y atrapaste en tus tatuajes mi esperanza?

Hace un frío glaciar en el desierto
que dejaste entre mis sábanas al irte,
y no sé cómo apagar todas las luces
que te dejaste encendidas en mi alma.

Mara Gonmarri