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Morir en un aparatoso accidente no se lo deseo a nadie, sobre todo si tienes hijos pequeños que dejas en la orfandad.

En mis años juveniles siempre me atrajo la idea de lo paranormal, la magia, lo desconocido. Cuando "senté cabeza" dejé eso de lado y me sumergí en la rutina, tenía que vivir por mi esposa y mi adorado hijo... pues viví en apariencia feliz hasta que me mataron. "Chofer ebrio" escuché a decir mientras mi existencia fantasmagórica trataba de entender qué había pasado con mi cuerpo.

Mi velorio fue hermoso todos lloraban, yo me aburría de tanto llanto, solo veía a mi hijito y sentía pena por él. Pasé los días merodeando por mi casa, no llegaba esa luz para llevarme. Al parecer y sin saber el motivo estaba atrapado y dando vueltas sin hacer algo útil. Luego me percaté que mi hijo desconsolado por mi muerte abrazaba siempre a su peluche de conejo que le había regalado. Yo solo podía mirarlo, tenía envidia de ese conejo, hasta que decidí entrar al peluche. Fue maravilloso, pude sentir el abrazo de mi pequeño hijo. Mi alma al parecer transmutó y adquirió la apariencia "conejil".

Por ratos salía y veía los ojos desorbitados de mi hijo quien me miraba con cierto asombro. Ahora ya no lloraba, dormía tranquilo. Mi esposa me olvidó más rápido que pronto. Al parecer el accidente que tuve no fue un accidente. Me he dado cuenta que existir en mi forma es mejor que con un cuerpo pesado y que requiere de muchas atenciones. Estoy viendo la manera de traer a mi hijo a mi mundo, aún no se cómo hacerlo con certeza pero pronto lo sabré y él también tendrá un "accidente".

Existiremos juntos por la eternidad.

Mirza Patricia Mendoza Cerna