Caminando de frente
ignorando las curvas de tijera
que espantaban nuestros bríos cada cien metros
a paso largo
y atravesando el parque con muros de ladrillo
donde los besos
al pie del poste
nos encajaban en los pechos el olor de las manzanas
se levanta el armazón de una reliquia

Memorias muertas
peces sedientos aleteando desfasados
de la ola seca
un relicario que en los rostros llueve escamas
mientras en tierra
silban los pájaros de iglesia
aúllan
andando a paso de hombre

Recuerdo entonces
la fe de a pocos
que nos brotaba de los labios cerrados
cuando dejábamos la vida en la saliva
y adoraba por las tardes
más que cualquier otro conjunto de palabras
tu promesa:

Bajo el sudor de los abrazos
a pedazos se caían nuestras vidas
me asegurabas Niña
con el temblor labial de los agonizantes
bella
ignorante
y señora de todas las cosas
que aun cadáveres
tú y yo
seríamos
inmortales.