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No, la oscuridad no es algo que se ve…

No es el monstruo inventado por Edgar Allan Poe,
ni los muertos vivientes que veías en películas;
ni las historias de fantasmas
que tus padres te contaban.

La oscuridad será el fantasma de tus padres
cuando mueran;
la oscuridad, se piensa y se respira;
es algo que se traga en cada sorbo de mundo,
en cada interrogante mal cerrado
cada vez que te preguntas qué coño haces aquí…

La oscuridad está en el cielo azul
de los veranos que te pasas congelado;
la oscuridad está en el amanecer
que te saca de la cama,
en el sol que se queda todo el día
enterrado en sombras
y voces que molestan;
voces que no quieres oír.

La oscuridad está en la luz de los demás,
pues la sientes llena de brujerías y de hogueras.

La oscuridad está en cada intento de avanzar;
en cada intento de adaptarte,
pues la oyes sonar, pegajosa e insistente,
bajo tus pies.

La oscuridad está en el silencio perpetuo del teléfono;
o en que lo oigas sonar y no sea LA PERSONA que deseas;
o en la lista de contactos de tu móvil,
tan llena de nombres que ya no existen.

Para mí, la oscuridad está en la última cerveza,
antes de volver al mundo de los lunes;
en el último bar abierto,
antes de que tus amigos vuelvan a ser desconocidos…

La oscuridad son los amigos que siempre serán desconocidos.

La oscuridad no es sólo todo lo que ya no tienes;
sino todo lo que alguna vez tuviste.

La oscuridad no es sólo entrar en el infierno,
sino salir del paraíso…

La oscuridad…

La oscuridad soy yo.
La oscuridad son ellos.
La oscuridad eres tú.

Buenas noches…
apagaré la luz,
a ver si así la vida brilla un poco.

El Hombre Púrpura