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Soy Mym Sosa, nací en la ciudad de Puebla de mi amado México, donde a mis escasos veintiún años he vivido el amor, la pérdida y miles de aventuras que quisiera compartir con ustedes. Comencé a escribir después de mi primer acercamiento con la literatura, alrededor de los doce años. A esta edad escribía historias cortas y tenía un diario como toda niña. Escribía mis anécdotas de manera cómica, narraba mi torpeza diaria, mi negación a ser romántica y el odio al color rosa, hasta que me enamoré por primera y última vez.

Fue así que me volví toda poesía y arte, me dio por mirar las estrellas y descubrir sus misterios, adorar a la luna, dedicar canciones y versos. Comencé a amar las flores, la naturaleza y a apreciar los detalles, pero aún más que nada, a darlos. Así escribí mis primeros pensamientos y poesías, siempre inspirados por él y para él. Me di cuenta de que el arte es mejor cuando tienes a quien dedicarlo.

A veces escribo para mí misma, cuando hay tantos pensamientos que no se pueden callar, cuando veo el mundo y la pérdida de la humanidad, busco escribir para ordenar mis sentimientos, escribo y me siento más humana, más real. A fin de cuentas, el arte es eso: la humanidad en su expresión más hermosa, triste o eufórica.

Llegado el momento en que decidí ser científica por mi amor a la naturaleza y no seguir el camino de las letras, me di cuenta de que la ciencia y el arte no deberían estar separadas. Estudiar la vida y la perfección de las células que la construyen es notar lo magnífica que es la existencia, lo equilibrada y casi milagrosa. Es ver que tenemos mucho que aprender de ella, comprender que somos solo un eslabón más, un animal capaz de crear cosas grandes, inspirar y devolverle algo al mundo. Sobre todo me di cuenta de que la persona no pierde su humanidad cuando sigue teniendo la capacidad de asombrarse con lo que lo rodea, y sí, la ciencia sí que sorprende.

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