Mi casa es donde habitan
los monstruos
una vez que la sordera
ha cubierto la cama
con sus tenazas
la transfiguración de cada uno
de estos inquilinos
jamás dejará de asombrarme
por si alguien se toma el tiempo
de llegar aquí con agua o fruta
daré más referencias
es aquí donde los bloques y los árboles talados
asoman con el haz del eterno anonimato
los rostros de sus residentes
son tan felices que logran la fusión
con el resto del vecindario
en cambio
aquí en mi encierro
se objeta cada bocanada en el alféizar
las paredes muestran salmos de índices
apuntándome en levántate y anda
como si fuera fácil ser lázaro
me quedaré entonces despierto
esperando una visita
ahora que por fin pude lanzar
hacia las olas que pretenden
derrumbar mi casa
esta carta en el calor de una botella.

Carlos Cavero