Fotografía de la autora

La poesía es el sentimiento que le sobra al corazón y le sale por la mano.

La verdad es que esto de la introducción me ha traído de cabeza durante varios días. Cómo empezar o qué cosas decir acerca de mí son cuestiones que, en definitiva, no son complicadas, pero que se hacen tediosas por la inherente necesidad de exponer algo que merezca la pena ser leído.

Después de darle muchas vueltas, he decidido hablar sobre mí misma a través de mi fecha de nacimiento, porque tengo la firme creencia de que ha marcado mi modo de ver, comprender y sentir, esta experiencia que es la vida.

Nací un jueves, 28 de junio de 1979, a las siete y veintiséis de la mañana, en Santa Cruz de Tenerife.

Que haya nacido un jueves me resulta extremadamente cómico por esa expresión popular que dice: «En medio como los jueves», y lo cierto es que, a mi edad, tengo la sensación de haber vivido muchísimas experiencias, por mi extraña idoneidad para estar inmersa en situaciones inverosímiles. Para muchas personas, soy como el perejil: siempre estoy metida en todas las salsas; unas veces con premeditación y alevosía, y otras veces, por los desconocidos avatares del destino.

Nacer en el mes seis (de nuevo, en medio como los jueves) es llegar al mundo en ese hilo transversal que divide el comienzo y el fin del año, y gracias a la posición de Canarias en el mapa, descubrir, antes que ninguna otra sensación, la luz intensa del sol y la claridad de los días. Siento el verano como la energía en el estado más puro y el invierno como el estado más oscuro del ánimo. Levantarse, mirar por la ventana y ver brillar el día, es una de las sensaciones que más llenan mi espíritu.

La fecha y hora de mi nacimiento descubren mi signo zodiacal que es cáncer. La palabra cáncer significa calor intenso (de nuevo el sol, la luz, el verano) y creo que influye directamente en la manera, casi excesiva, que tengo de sentir, comunicar o pensar y, en definitiva, de experimentar cada nuevo día que me regala la vida.

Considero que nacer en Tenerife es uno de los mayores dones que se me han concedido. Vivir en el paraíso natural que es Canarias es un lujo y el sentirse isleño es una emoción difícil de trasladar a las palabras: tener siempre el mar por horizonte es un hecho que se clava en el alma sin que te des cuenta…

Parece mentira que de una simple fecha se puedan extraer tantas cosas, la más clara y evidente: no se me puede dejar a mi libre albedrío porque me extiendo hasta puntos insospechados.

Empecé a escribir poesía con quince años de la mano de un amor imposible que me comía las entrañas, y en ese difícil camino de la adolescencia, me tropecé con una profesora de literatura que admiraba profundamente la poesía.

A caballo entre la angustia del desamor y las redacciones de clase, descubrí que existía un espacio en el mundo en el que podía ser yo, y en el que el maremagnum de emociones que bullía dentro de mí tenía sentido.

Un verso aquí, otro verso allá; la poesía se fue transformando en un arco iris de sensaciones cantadas sin voz en un papel en blanco y, en el sentido más estricto de las palabras, en el exorcismo de mis pasiones.

Así fui pasando de las líneas infantiles a las rimas, al verso libre, a los intentos suicidas de estructuras prefijadas, hasta llegar a los versos sangrantes y al grito poema que se retuerce sobre sí mismo.

Nunca he servido para la matemática lingüística, por eso mi poesía es un caos donde las ideas se aplastan unas a otras en la pasión de las letras.

Algunos me consideran obscena, agresiva o violenta e, incluso, hay quien se ha permitido el lujo de considerarme maldita a mis escasos años.

Hay quien me considera transgresora, sensual o innovadora, y quien ha exagerado diciendo que me falta sólo un paso para consagrarme como una de las voces poéticas del siglo XXI.

Sea como fuere, sólo el tiempo podrá dictar la sentencia de lo verdadero, mientras tanto, yo seguiré vomitando palabras por la vanidad intrínseca que envuelve al poeta.

P.D.: Mi nombre real no es Mara Gonmarri, aunque casi seguro que todo el mundo se lo imaginaba, Mara Gonmarri es un acróstico con la primera silaba de cada palabra de mi nombre… A título informativo, más que nada.

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