La nostalgia mueve verdades
que se sepultan a sí mismas bajo un árbol
y para completar el estigma
todas las cavidades de mi cuerpo
parecen entonces invadidas
por remanentes bárbaros

El esgrima continúa mientras callan venerables
corazones de zorro

Hay que ser mudo y ciego cuando atacan
estos zarpazos como frenos a la vida
porque toleran la carne cuando es vulnerable
y sin embargo gustan solo
de bocas y ojos como adornos
en la cara

Así combatí a ratos la nostalgia
extrayendo de mí mismo los deseos de expresarla
eligiendo no ser nunca
maestro de nadie
hasta que la cadena de los años
hizo valer mi derecho a recibir en la columna
las lenguas de fuego con que besan
las estudiantes
el ardor alucinógeno que trae una cintura
al derramarse sola sobre el resto de la carne
y fui adoptando estas ofrendas
bajo mis alas

Hoy he abierto los párpados
y aun despierto los sueños me rebalsan
llenándome las venas en secreto
pero no hay nadie
a mi lado
será porque en mi pecho
no existen los hogares.