Fotografía de Abigail Chancafe

No quiero las ráfagas del tiempo, que todo lo marchitan,
no quiero el homenaje a la oscuridad del caos;
mis sombras se van en un barco negro,
ellas giran y giran para esconderse.

Alguien cortó mis alas con dagas invertidas
y amputó mis piernas de ramera;
me arrancó la lengua y me dejó con la cara sin ojos...
entonces vomité a todos mis demonios en la boca de Dios,
inhalé el agua esquelética de la señora Muerte,
que vive en un océano vacío de soles nunca vistos.

Yo dancé como un mosquito en el silencio,
con mi piel de color amarillo-sucio,
me lleno de vacíos negro-limpios.

¡Quiero el hambre delirante,
la trascendencia deshilachada,
el olvido instantáneo,
dejar de existir, no poder leer,
retornar a la placenta de mi madre!

Y, sobre todo, no quiero el aroma de las amapolas,
solo me miro al espejo y cambio de cara.

Claudia Saquicela