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Escombros donde hubo leyendas,
caminos cimentados por huesos y piedras
terror en las paredes anoréxicas
que se niegan a caer
por el susto del estruendo.

Huellas de hombres
sujetas a la tierra
que les enseñó
a estar de pie.

Castigo y destrucción
al hombre arrodillado
democráticamente
en su dignidad.

¡Cantos al hombre!
¡Cantos de granadas!

Se vacía la ciudad y la luz huye asustada;
aparecen hogueras creadas por fraguas y banderas.
Se ahoga en el polvo
el hombre de leyendas
atrapado entre sus huesos y penumbras.

Respira hondo entre las ruinas
el hombre de leyendas,
cubriendo su cuerpo adherido
a las pestañas heridas de su santa casa.

¡Ese hombre desaparece!
¡El hombre de leyendas muere!
¡Sus versos agonizan!

Llegará el día en que algún verso se colará
entre las grietas asustadas, despertando la esperanza
de que alguien escriba estrofas eternas y musicalice su agonía,
para que su sufrimiento vuele muy lejos trayendo truenos de despertares y salvaciones.

Hoy son días tristes para la humanidad,
porque la música de los versos las fabrican las máquinas de guerra que destruyen al hombre y sus sueños.

¡Desaparece el hombre de leyendas!

José Lara Fuentes

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