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Hoy no soñé contigo,
no mentiré diciendo que sí,
que te vi otra vez cerca de mí.
No, amor, no soñé contigo.
¿Y tú crees que hace falta?
Yo digo que no, que sólo es una pérdida de tiempo
para los dos.

Hoy que desperté, eso sí,
recordé tu nombre,
lo repetí tantas veces, para volverlo a memorizar,
para volverlo a tomar como un impulso,
un aliento,
una bala,
un libro,
un incendio,
una lluvia,
un cielo despejado,
un significado: que no estás.

Lo que ahora veo, después de despertar,
es a ti, distante, frágil, con el corazón dormido.
Bajo tus manos imagino que llevas la sombra de mis manos.
Bajo tu cuello imagino que llevas el coraje de mis cabellos.
Bajo tu vientre imagino que llevas la humedad de mi lengua.
Bajo tu boca imagino que llevas la mitad de mi vida.

Lo que ahora siento, por mera cotidianidad,
es tu rostro con la mirada caída,
tus ojos negros presos en tu lluvia,
tu falda quieta sin ser alzada por el viento,
tus piernas enseñando cómo es que te vuelves árbol.

Hoy no estás, y por eso no soñé contigo,
hoy tú tienes hambre lejos de mí;
tienes sed, lejos de mí;
imaginas tu muerte, lejos de mí.
Y quizás, todo este ruido que estamos escuchando,
como si fuesen balas o fuegos artificiales,
es el castigo de nuestra ausencia.

La soledad está a mi lado,
y me toma de la mano, como si fuese su hijo;
está esperando a que de nuevo caiga dormido
para guardarme en ella, como si fuese mi ataúd.

Si tú sueñas conmigo,
no me abraces en tus sueños,
no me beses,
no me hables.
Deja que nos arranquen los huesos primero,
deja que la sangre corra como río por las calles,
deja que los jardines se apaguen
y espera a que, después de los incendios,
te siga buscando entre todas las gentes,
desesperado, con el alma hecha madrugada,
porque serás tú, la niña que cubra mi angustia.

Detrás de todo esto
sé que existes más hermosa;
alguien te ve y te dice un cumplido,
varios te ven y te desnudan en un segundo,
pero nadie te ha mirado como yo lo hago.
Como te he mirado, en todas las horas,
en todas las posiciones,
en toda sonrisa y lágrima,
en todo mi cuerpo, escuchando cómo me quiebras.

Te espero, ya sabes el horario.

Jesús Gómez