Foto de Sebastián León Prado en Unsplash



I

Where have they been?
Where have they been?
Where have they been?
Where have they been?


Por momentos solo puedo escuchar como música de fondo ése fragmento de Decades —canción de Joy División— en mi cabeza.

La escucho y la canto porque me siento identificado con la letra, con el ritmo, con el vocalista de la banda, con la nostalgia, con la desolación, con la degeneración… la decadencia.

Me siento volar en una atmósfera con olor mezclado de cigarrillos, bourbon, perfume de mujer, y a veces me gusta.

II

Sí, a veces no.

Mi hipótesis es que esa canción es un retrato, de los miles que seguramente tengo a nivel musical, de alguna especie de trauma que me ha quedado en la vida, y del que no me percato por completo, pero logro sentir al rojo vivo cuando escucho la melodía a veces psicodélica y a veces claustrofóbica que tiene la canción.

¿Tendré un trauma con la vida? Quizás.

III

¿Dónde se esconde la lógica y el raciocinio cuando se es un niño y a dónde va cuando parece desaparecer en esos momentos de la adultez cuando se quiere llorar como uno?

A lo mejor la lógica y el raciocinio no tienen compasión del hombre en algunas horas oscuras. Dejan que la inocencia regrese de su lado y se transforme en nubes grises y negras para el paisaje interior.

La inocencia no da tranquilidad. La tranquilidad se nos va de las manos, le da paso al sentir puro, al cruel, al crudo, al impulsivo, al intenso… ¿Sano? No creo.

Definitivamente no.

Con dos décadas ya aquí, en esta ocasión, siento que esto se puede traducir como un abismo, y la puerta de nuestro infierno personal.

Me siento humano, después de tanto tiempo en esta vida.

Mi alma ha sido eterna.

Lo seguirá siendo…

Kevin Coley